El
filósofo actúa como médico del alma, como terapeuta,
como
farmacéutico. Trata y disipa las enfermedades,
cura
y conjura los trastornos, instaura la salud y despacha los
miasmas
patógenos. La vida filosófica se convierte en alternativa
a
la vida mutilada tras la sola decisión de seguir un tratamiento:
cambiar
la vida, modificar sus líneas de fuerza, construirla
según
los principios de una arquitectura deudora de un
estilo
propio. Lo cotidiano fragmentado, reventado e incoherente
genera
dolores, sufrimientos y penas que atormentan los
cuerpos
y destmyen las carnes. Entre las almas cascadas, rotas,
pulverizadas
y los cuerpos medicalizados, psicoanalizados, intoxicados;
entre
los espíritus frágiles, vacilantes, enclenques y
las
carnes angustiadas, gangrenosas, putrefactas, la filo...